Editorial

Todas las especulaciones sobre el post-dólar soja

En el gobierno juran que la carroza se convertirá en calabaza el 1º de octubre. El campo retornará a un dólar miserable que no va a tomar y la Administración a correr detrás de las divisas que necesita dramáticamente. Hay piezas que faltan en este rompecabezas.
Claudio Gianni
26 de Septiembre de 2022

En el gobierno juran que la carroza se convertirá en calabaza el 1º de octubre. El campo retornará a un dólar miserable que no va a tomar y la Administración a correr detrás de las divisas que necesita dramáticamente. Hay piezas que faltan en este rompecabezas.

Quien no recuerda aquella desopilante escena donde uno de los Tres Chiflados intentaba solucionar una pérdida de agua en una pared y para eso colocaba un caño en el orificio. Cuando comprobó que el agua seguía saliendo por la punta del tubo, continuó enroscando caños hasta que terminó atrapado en una maraña de tuberías y con el lugar inundado. Es parecido a lo que suele suceder al intentar remendar una economía en crisis sin ir a fondo con las soluciones.

El dólar soja, una de las estrellas de la política de parches, se despediría de los escenarios al terminar septiembre, siempre de acuerdo con lo que dicen tanto el ministro de Economía como el secretario de Agricultura. ¿Sabrán cómo sigue la historia? El plan destinado a pasar la primavera de pie parece haber funcionado. El agro generó ingresos por unos u$s 6.000 millones, producto de la liquidación de al menos 12 millones de toneladas, entre lo que estaba esperando precio y las nuevas entregas, estas últimas mayoritarias. Sirvió para evitar un colapso en el Banco Central y para que las fábricas de aceite acumularan materia prima en un esquema que las favorece, si bien buena parte de la soja obtenida se irá del país sin procesamiento alguno.

¿Alcanza para encaminar la salida del apretón de reservas en que se metió el propio gobierno, en un año de liquidación récord por parte del campo? Más de un especialista cree que no, que a menos que se prolongue la medida no se llegará a cumplir la meta con el Fondo Monetario Internacional prevista para el inicio de 2023, ni siquiera considerando todos los giros acordados con distintos organismos internacionales. Otros aseguran que en octubre, si no se prorroga la medida, el drenaje de reservas volverá. Tiene lógica. La tentación será difícil de resistir para Massa y los suyos. De todos modos, que se corte ahora no quiere decir que no se pueda volver a implementar en noviembre o diciembre. Todavía hay mucha soja por vender y seguramente han recibido un baño de realismo: el agro es clave para conseguir divisas.

Como están las cosas hoy a muchos no les cierran los números. El propio secretario de Industria y Desarrollo Productivo admitió que "el Gobierno está desesperado por los dólares", como reflejo de que con lo que han recolectado no alcanza para dormir tranquilos hasta las Fiestas. Por lo pronto, una vez que entre en juego el dólar oficial la recaudación por venta de soja se desplomará como un piano desde un séptimo piso.

Conviene recordar la advertencia de la Rural respecto de la popular "sábana corta". En el fondo, esos u$s 6000 millones deberán restarse de lo que queda por vender hasta marzo, y van a faltar en especial en los meses del verano. Desde FADA sospechan que esta es la antesala para una devaluación que tienda a acomodar un poco el mercado cambiario, de lo contrario lo que han cosechado se va a terminar esfumando rápidamente. El "Plan llegar" se va a complicar porque aun con el dólar soja la brecha cambiaria no se reduce sustancialmente.

Lo que está claro es que de acá en más todo es previsional e indescifrable. ¿Volverá el dólar soja más adelante? ¿Y el dólar maíz, trigo o carne? ¿Cómo manejar el negocio -alquileres, insumos- con una variable tan importante en el aire?

Lo más sano sería sincerar el tipo de cambio pero probablemente irán por extender el régimen de múltiples paridades para distintos productos exportables y sumar restricciones al pago de importaciones. Sin embargo, no falta quien cree que Massa aprovechará cuanta oportunidad tenga sin que se entere demasiado el Instituto Patria para llevar más temprano que tarde el dólar oficial lo más cerca posible de los $200.

Por supuesto, la cosa no termina con honrar al Fondo en enero, hay vida después de eso. Y tampoco se ve nada bien. Por lo pronto el trigo va a venir flaco y el tirón hasta la llegada de la nueva soja parece una eternidad. Habrá que prender velas además para que La Niña no se lleve buena parte del producido de la gruesa.

Si no es el dólar soja será necesario aguzar la inventiva para imaginar alguna otra medida que ayude a aliviar la crisis de disponibilidad de divisas a las que nos llevaron dos años y medio de negación de la realidad, vendiéndoles espejitos de colores a militantes más próximos a una misa ricotera que a los enunciados de un Congreso CREA.

Como en el caso del equilibrista chino que corre de un lado a otro evitando que se caigan los platitos, Masa va tapando agujeros. La batalla por mantener un dólar de fantasía es cada vez más complicada. Los dólares alternativos empiezan a subir al tiempo que las empresas se van paralizando debido a un cepo a las importaciones que se torna obsesivo. Los pasivos remunerados son una bomba. El caso argentino debería explicarse en detalle en la universidades, a modo de ejemplo de lo que no debe hacerse.

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