Editorial

La carne también tiene malas noticias para el gobierno

 A la fenomenal falta de agua para llevar adelante la producción en planteos de base pastoril se suma una posible caída de las importaciones de China en 2023, nuestro principal cliente. Dólares que no llegarán.
Claudio Gianni
16 de Septiembre de 2022

A la fenomenal falta de agua para llevar adelante la producción en planteos de base pastoril se suma una posible caída de las importaciones de China en 2023, nuestro principal cliente. Dólares que no llegarán.

La situación con la seca en las mejores zonas de producción de granos se sigue agravando, presagio de muchos dólares menos para un Estado que ha pasado años despilfarrando recursos. Reuters refleja con crudeza esta realidad, ya que la Argentina es un gran jugador global en el negocio de soja, maíz y trigo.

Desde luego la ganadería no es inmune a esta tercera Niña. La padece con una menor disponibilidad de pasto y la necesidad de recurrir a alimentos de mayor costo para sostener los planteos. De ningún modo está asegurada una producción cercana a su potencial en condiciones normales.

Pero la historia no termina ahí, porque las noticias que llegan de China no son las mejores. Se trata del gran cliente de todos, excluyente en muchos casos. Y si no que lo digan la soja y la carne vacuna. Es fantástico tener un comprador de la potencia del gigante asiático, pero no deja de ser preocupante que en varios rubros tenga una altísima proporción del share. Hace una buena cantidad de años le pregunté a quien era entonces presidente del Banco de Australia si esta era una realidad que debía inquietarnos; la nación de Oceanía también tiene cierta dependencia en determinados rubros. Su respuesta desde luego fue afirmativa.

En el caso de la carne vacuna el coloso de Oriente se ha convertido en el comprador sin parangón del producto que exporta el Mercosur; la Argentina, Brasil y Uruguay explican el 71% de sus importaciones. Se comprenderá que cualquier noticia que siembre dudas sobre la salud económica de China genera inquietudes, y estos comentarios están hoy a la orden del día.

La nación administrada por el Partido Comunista, al menos en lo formal, no atraviesa un buen año. Se está retrayendo en diversos rubros y en el caso particular de la carne vacuna la noticia es que de acuerdo con la oficina del USDA en Beijing el gigante asiático reduciría sus importaciones en 2023 en 600.000 toneladas, es decir 19,3% menos respecto del volumen de 2022. Es mucho. Y ya está recortando los precios que paga en medio de la caída en el consumo interno del país y una buena oferta por parte de Brasil. ¡Bingo! En toda esta historia no hay que olvidar que la política de Covid Cero que lleva adelante China le ha costado cuarentenas totales en muchas de las ciudades del país, con todo lo que eso implica para la economía y el consumo de alimentos.

El informe del USDA evalúa que los chinos consideran que la carne vacuna es un producto de lujo y por lo tanto se espera que la demanda se vea más afectada por las perspectivas económicas que por el precio en sí. Además, es especialmente el consumo en hoteles y restaurantes, el destino principal de los cortes de alta gama, el que debería verse perjudicado por las restricciones por el Covid Cero.

Este año los importadores venían pagando precios históricamente altos por la carne vacuna justo cuando los funcionarios de la República Popular China instituyeron bloqueos por COVID-19 en megaurbes como Shangai y tantas otras más, y el proceso se enfrió. Si se confirma el pronóstico del USDA, sería el primer descenso en las importaciones anuales de carne vacuna por parte de China desde que comenzó a acaparar este producto a comienzos de la década pasada.

Por lo pronto, JBS, Marfrig y Minerva, los gigantes de la cadena cárnica en Brasil vieron descender inmediatamente el valor de sus acciones. Ahora la cuestión es descubrir si se trata de un piso o los valores pueden seguir cayendo. Es preocupante que ocurra justo cuando estamos en la recta final para formalizar las importaciones destinadas a cubrir la demanda del Año Nuevo chino, a fines de enero.

Según fuentes uruguayas, la Asociación de Productores Exportadores Argentinos (APEA) pronostica que el precio de cortes como el garrón y el brazuelo con destino a China pierdan un 12% en este mes, desde u$s 7 mil por tonelada a menos de u$s 6 mil; en mayo pasado valían u$s 8.200, por lo que el ajuste sería del 30% en cinco meses.

Los más optimistas consideran que China mantendrá el interés en los proveedores sudamericanos por calidad y volumen, pero los números del USDA deberían prender alarmas en los despachos de nuestros funcionarios, para actuar mediante la diplomacia y en vez de dedicar tiempo a adorar las andanzas de Mao poner énfasis en obtener un recorte de nuestras exportaciones lo más pequeño posible. Y en casa liberar las ventas al exterior de carne vacuna, que ya es hora de hacerlo.

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